Colombia Guía oficial de viajes
Basta entrar al Museo para darse cuenta del carácter mágico del lugar. Todo el legado de las culturas misteriosas, de la que solo poseemos visiones fragmentarias, está ahí, a la vista de los visitantes.
Lo que se expone es apenas lo poco que queda, lo que quedó después de la barbarie y el saqueo, un tesoro que ensoñaría cualquier bucanero.Cientos, millones de piezas sobrevivientes a la niebla de los días, al óxido del tiempo, nos dan a pensar que esta gente, nuestros antepasados, debieron ser nombrados Gente de Oro.
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El Museo del Oro de Bogotá comprende cerca de 34.000 piezas de oro, más 20.000 objetos óseos, líticos, cerámicos y textiles pertenecientes a 13 sociedades prehispánicas: Tumaco, Nariño, Cauca, Calima, San Agustín, Tierradentro, Tolima, Quimbaya, Muisca, Urabá y Chocó, Malagana, Zenú y Tairona.
Estamos en el primer piso, en la sala del Trabajo de los Metales. Nuestro guía se llama Juan Osorio. Es un paisa (colombiano proveniente del Triángulo del Café o Antioquia) que ha cambiado el carriel por una mochila arahuaca.
Museo del Oro, Bogotá /Fot. http://www.flickr.com/photos/puffsdaddy/
Nos comenta que nos adentraremos en una de las más importantes colecciones de metalurgia prehispánica del mundo y así lo percibimos al ver las herramientas hechas con aleaciones de hierro y cobre, al divisar las palanganas, las esteras.
Juan nos lleva al segundo piso, en donde se aprecian los usos de los metales dentro de la organización política y religiosa de estos pueblos taimados, tranquilos, que cazaban su cena y adoraban el sol y la luna.
Ya en el tercer piso, en la sala de Cosmología y Simbolismo, cuando rozamos la mentalidad de estos nativos, nos sorprenden sus atavíos, las narigueras y pectorales, las diademas antropoformas, los sellos de barro, los volantes de huso, los amoladores de cuchillos.
Máscara de oro, Museo del Oro, Bogotá /Fot. http://www.flickr.com/photos/sara_y_tzunki/
Nos acercamos a Los chamanes, siempre sentados, en permanente éxtasis y en trance, cuando sus orejas se vuelven cascabeles y de sus cuerpos aparecen plumas. Quizás, hace mucho tiempo soñaron en un futuro, se vieron eternos e inmortales en un Museo sin tiempo, en donde las personas de todo el planeta viajarían para conocer su mensaje.
Solo resta conocer La Ofrenda, el espacio donde se guardan, con especial esmero, los diferentes elementos comunes de todas las culturas y El Exploratorio, un lugar para que los más jóvenes y los niños se diviertan y reflexionen acerca del significado del Museo. Una hora ha pasado y Juan se despide preguntando que tal nos ha parecido la muestra. La verdad, confieso, como lo haría cualquier extranjero, que es maravilloso… Ese día he descubierto, como lo tendrían que hacer todos los colombianos, algo para sentirnos orgullosos, nuestro Museo del Oro.
Además de tener la más completa colección de piezas de orfebrería, cerámica, lítico, concha, huesos, textiles, momias y maderas, el Museo del Oro del Banco de la República preserva, investiga y da a conocer toda una historia de lo que fueron nuestros antepasados.
Y esta paciente historia se inició en 1939, con el objetivo de mostrarle a propios y extraños lo que fue la vida de quienes fueron los primeros pobladores de este maravilloso territorio.
Hay muchas muestras de los Muiscas y Taironas, desde los bellos poporos hechos con manos maestras, hasta los perfectos pectorales que lucían quienes tenían la autoridad de dirigir a esos pueblos.
Recorrerlo es como detener el tiempo en un solo suspiro y retener en la retina la creación de quienes escribieron nuestra historia con el alma.
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