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Domingo 28 de Junio de 2009 09:01
Que el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal y el ex futbolista Faustino Asprilla compartan un mural ya puede resultar raro, pero no lo es tanto si se considera que el deporte hace parte de la cultura popular, de esa misma que se alimentan las letras del autor de Cóndores no entierran todos los días.
Vista de la zona centrica de la ciudad de tuluá, imagen tomada del sitio web de la alcaldía de Tuluá
Sí, en el aula máxima del Concejo Municipal, el colorido mural que evoca las glorias del pueblo representadas en sus más egregias figuras, tiene de protagonistas al escritor que escandalizó a la sociedad pacata y al futbolista que con sus cabriolas embrujó los estadios del mundo.
Y seguramente ellos disfrutaron, cada uno a su manera, las calles de Tuluá. En esta ciudad, a algo más de 102 kilómetros, se vive esa rica sensación de que la vida circula más despacio, con más calidad de vida.
La primera impresión cuando se llega a esta ciudad es que se trata de un pueblito, pero nada más lejos de la realidad. Una vez que se empieza a caminar por ella, el cuerpo pide ayuda. Me encanta caminar, pero las dimensiones hacen que definitivamente se tenga que acudir a algún vehículo para recorrer sus 133 barrios y quizá por ello es que los tulueños son convencidos y hasta compulsivos compradores de motos. Nunca había visto tantas motos juntas. Al cruzar las calles hay que mirar a ambos lados porque los motociclistas salen de todas partes y en todas las direcciones.
Uno siente que está en medio de una faena de la producción mundial de las motos. Aunque se ve una que otra BMW y otras de gran cilindrada, realmente Tuluá es el imperio de las Honda, Yamaha, Suzuki y Kawasaki, pero también de las AKT, las Jialing y todas las demás que llenan los containers chinos que llegan a pocos kilómetros, en Buenaventura.
Al principio pensé que era solo mi impresión. Un taxista me dijo que alguna vez se hizo un estudio y arrojó el sorprendente dato de que había ¡tres motos por cada hogar!… Revisando el Anuario Estadístico 2006, un documento de la Alcaldía, encontré que cada año están matriculándose casi 30.000 motos nuevas. Otro dato de un artículo que salió en El País, de Cali, habla 400.000 motos que circulan a diario en Palmira, Cartago, Buenaventura, Buga, Yumbo, Candelaria y Tuluá.
Y se siente, pero es un vértigo divertido, entretenido. Los mototaxis o ‘motorratones’, un tipo de transporte ilegal que crece como pólvora en la provincia colombiana, es el medio más utilizado y a la vez más democrático porque prácticamente todos hacen o han hecho uso de este servicio.
Más allá de asustarse o de enjuiciar esta modalidad, cosa que le corresponde a las autoridades y no a un simple cronista, sentir las motos, sus motores y a la gente hablando tranquilamente en las calles, llevando algún paquete, recogiendo a algún vecino; sencillamente disfrutando la vida.

Es cierto lo de las motos, esto se da sobre todo por que en el valle en los municipios hay muchas personas que trabajan en lugares retirados como en los ingenios o personas que viven en Andalucia y trabajan en la Nestle en Bugalagrande.
Esta es la mejor forma de transportarse.
Ahora bien este nos deja preveer que en el valle hay muchas cosas por conocer y vivir historias como la fabulosa experiencia en la hacienda La Maria que nos deja entender como era la vida de los hacendados o el museo de la caña en la Hacienda Piedechinche, publos del norte del valle con influencia paisa en donde las personas se caracterizan por su amabilidad y cordialidad.
Los invitamos a un espectacular recorrido por el Valle
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