Colombia Guía oficial de viajes
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Martes 01 de Diciembre de 2009 23:42
Para mí, Pandi no existía. Clare, mi novia, vivió ahí cuando llegó a Colombia, a los tres años de edad. Hija de ingleses y nacida en Irlanda, vivió su infancia en Guacanonzo, una vereda de Pandi. Su madre, Valerie, había aprendido la canción —composición de Lucho García— en clases de guitarra, y desde entonces, quiso conocer Pandi. Años después conoció a unos gringos que tenían una comuna cerca de Pandi y sintió que era una señal. Luego, en una comuna cerca de Londres, el día que conoció a quien sería su esposo —y ahora mi suegro—, le habló de este lugar, y él se animó a venir a vivir a Colombia y conocer Pandi. Después de vivir un tiempo cerca de unos jeroglíficos, alquilaron un ranchito a una pareja de viejos campesinos: doña Carmen y don Carlos, y ahí vivieron varios años.
Dices que te pone triste la bruma de la ciudad,
camina, mi amor camina, camina conmigo a Pandi,
ahora que están floreciendo cámbulos y gualandayes,
ahora que están floreciendo cámbulos y gualandayes.
Para mí, Pandi no existía. Clare, mi novia, vivió ahí cuando llegó a Colombia, a los tres años de edad. Hija de ingleses y nacida en Irlanda, vivió su infancia en Guacanonzo, una vereda de Pandi. Su madre, Valerie, había aprendido la canción —composición de Lucho García— en clases de guitarra, y desde entonces, quiso conocer Pandi. Años después conoció a unos gringos que tenían una comuna cerca de Pandi y sintió que era una señal. Luego, en una comuna cerca de Londres, el día que conoció a quien sería su esposo —y ahora mi suegro—, le habló de este lugar, y él se animó a venir a vivir a Colombia y conocer Pandi. Después de vivir un tiempo cerca de unos jeroglíficos, alquilaron un ranchito a una pareja de viejos campesinos: doña Carmen y don Carlos, y ahí vivieron varios años.
Rojos se ponen los cámbulos, azules los gualandayes,
son orgullo e la tierra, son la alegría del paisaje,
todos harán con sus flores, alfombras para que pases.
Han pasado veinticuatro años desde que mi novia se fue de Pandi, y quiso volver a visitar. Valerie no creía que doña Carmen viviera todavía porque en ese entonces ya era una viejita.
Me sorpendió no haber oído de Pandi a pesar de estar tan cerca de Bogotá: para llegar tomamos un desvío cerca de la Nariz del Diablo, en la ruta a Melgar. En la plaza nos recibió el concurso de música campesina que animó el pueblo durante el fin de semana. Acompañado de un grupo de cuerdas, un cantante recordaba:
camina, mi amor camina, camina conmigo a Pandi,
ahora que están floreciendo cámbulos y gualandayes,
Tomamos la vía hacia la vereda de Guacanonzo y Clare fue reconociendo los paisajes coloridos, las montañas rocosas, y, sobretodo, un mítico y aterrador abismo al lado de la carretera. Cuando llegamos a la casa de doña Carmen, la encontramos en la misma casa, sentada en la misma silla en el mismo rincón, con la misma trenza de pelo negro hasta la cintura, contemplando el paisaje. Parecía que nos estaba esperando. Recordaba a Clare como una niñita hermosa, gordita y rosadita. Visitamos el rancho donde había crecido, y recogimos y comimos frutas: mandarinas, mangos, guanábanas, limones, guayabas, tomates y café. Fuimos entonces a bañarnos en el río Negro, donde Clare se bañaba de pequeña con su familia. El clima de Pandi es templado, cafetero, así que el calor del día es perfecto para bañarse en los ríos que lo rodean. El río Negro, en el camino hacia Arbelaez, está lleno de grandes piedras que crean muchos pozos.
Pasaremos por el puente, puente y muros naturales
sobre el misterio del río vuelan halconeras aves,
yo te contaré leyendas de unas remotas edades.
Estando allá recordé que antes sí había tenido noticias de Pandi. En el diario de Humboldt, Del Orinoco al Amazonas, hay un grabado del Puente Natural. En 1801 Humboldt y Bonpland pasaron por ahí en el camino de Bogotá a Popayán y Quito. En ese momento ni siquiera existía la República de Colombia. Hasta ahora se estaba preparando el terreno para la Independencia, y Humboldt entendió esto en su visita, y luego lo transmitió a Simón Bolívar, presintiendo que quizá él sería el Libertador. Camino al puente nos tomamos un guarapo: fresco, delicioso y barato. El puente es impresionante: en un profundo cañón por donde corre el río Icononzo o Pandi (también llamado el Río de la Suma Paz en la época de Humboldt, nombre que evolucionó hasta perder su sentido original: Sumapaz) hay una formación rocosa que permite pasar cien metros sobre el caudal que atraviesa la piedra por una especie de túnel. También es posible caminar por la parte baja del cañón, cerca del caudaloso torrente. La vista y el sonido son sobrecogedores.
Cerca del pueblo queda el Helechal, una colina rociada por piedras enormes cargadas de helechos y bromelias, y rodeadas de árboles florecientes. En las piedras hay jeroglíficos misteriosos. A pesar de ser desconocidos localmente, han sido visitados por diversos extranjeros.
Roja bandera en los cámbulos, azul en los gualandayes,
estos son conservadores, los otros son liberales,
todos se pondrán de acuerdo si vienes conmigo a Pandi.
El paisaje de la región es rico y diverso. Se encuentra en un punto intermedio entre una región seca sobre los mil metros de altura habitada por plantas xerófilas, y una región alta y húmeda sobre los cuatro mil metros. Es posible visitar paisajes diferentes recorriendo distancias cortas. A pesar de la desertificación y contaminación de algunas regiones vecinas, en Pandi la naturaleza es exuberante.
Otro de los grandes atractivos de la región es la Piedra del Equilibrio. Retirado del pueblo, tras una montaña, hay un lugar donde existe un fenómeno singular: una piedra esferoidal de sesenta toneladas se sostiene en equilibrio sobre otra roca. Lo más impresionante es que con la fuerza de una persona puede balancearse ligeramente.
Camina mi amor, camina, camina conmigo a Pandi,
ahora que están floreciendo cámbulos y gualandayes.
Para terminar la visita asistimos a una función del Circo del Ejercito, un pequeño grupo de soldados de todos los rangos que llevan alegría por todo el país. Untados de realismo mágico, dando todo de sí, y dejando de ser soldados temporalmente para convertirse mágicamente en acróbatas, payasos y animadores, dan un espectáculo emocionante. A pesar de estar rodeado de zonas históricamente difíciles, en Pandi el conflicto no se hace sentir y los habitantes dicen que la última época dura fue cuando liberales y conservadores se asesinaban unos a otros, medio siglo atrás.
Esta región, como tantas otras, ha sido abandonada por los jóvenes que emigran a las ciudades buscando trabajo. Además, por lo quebrado de su geografía, esta tierra no es comercial, a pesar de ser muy fértil y de tener un clima perfecto. Nos despedimos entonces de doña Carmen y de don Carlos con la promesa de volver, y de traer de visita a Valerie. Nos quedó sonando la idea de comprar una tierra en esa región…
Camina mi amor, camina, camina conmigo a Pandi,
ahora que están floreciendo cámbulos y gualandayes.
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