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Medellín y su Feria Flores. Día 6.

Haga click sobre la imagen para ampliarla Todos los años, los silleteros cargan sobre su espalda kilos de flores para la gran feria.

Todos los años, los silleteros cargan sobre su espalda kilos de flores para la gran feria.

Llegó el día de empezar a disfrutar la Feria de las Flores. Siempre escuché mucho sobre ella, pero no había tenido la oportunidad de estar en una. Todo Medellín se dispone para hacer esta celebración tan tradicional y representativa de su cultura, se cierran calles, se decoran parques y los trajes típicos de arrieros y chapoleras hacen su aparición.

Uno de los primeros eventos de la feria para conmemorar a los silleteros, campesinos que cargan en la espalda flores, es el desfile de silleteritos, en el cual los niños de la ciudad usan traje típico con sobrero, poncho y alpargatas, para cargar una pequeña silleta llena de flores. El ambiente es festivo y se anima al son de música folclórica y color.

También estuvimos en el aeródromo Juan Pablo II, junto al aeropuerto Olaya Herrera, para conocer la feria de Arrieros, Mulas y Fondas, lugar en el que se construyen simulaciones de una verdadera fonda o tienda paisa, donde puede degustarse una gran variedad de carnes y beber una cerveza helada. Las mulas desfilan en medio de los locales y recuerdan cómo, en tiempos donde la vida rural era más extendida, ayudaban a los campesinos en sus quehaceres diarios.

Medellín se caracteriza por la belleza de sus caballos y la perfección de su paso. Para eso se hace una gran cabalgata en la cual salen los mejores animales de la especie y se unen a la celebración. Sin embargo, decidimos que también era importante tener nuestros primeros encuentros con los silleteros y su tradición de flores así que nos fuimos en su búsqueda.

La belleza del desfile de silleteros radica en el orgullo que estos hombres y mujeres sienten al ser parte de una de las tradiciones más coloridas de Colombia.

Los centros comerciales dan espacio a esta expresión folclórica y hacen muestras de silletas. Ahí conocimos a Luis Enrique Atehortúa, uno de los poseedores del conocimiento de este arte floral que además compuso el himno de los silleteros, a manera de bambuco. Ahí sentí ese orgullo común entre estas personas, ese que les da hacer un trabajo bello y admirado por todos y que los une con sus familias, con quienes elaboran su arte.

Lo que seguía en la agenda era el cerro Nutibara, no sólo por sus exclusivas casas sino por un pequeño pero significativo tesoro, anidado en su cima: el pueblito paisa, una réplica de lo que estas pequeñas villas fueron hace mucho tiempo en Antioquia: Techos de barro, paredes blancas y ventanas con marcos de madera multicolor.

Un enorme mirador se ubica en la parte más alta, dejando ver el atardecer en Medellín que desaparece tras el manto oscuro de la noche, para dar paso a los juegos de luces de la ciudad.

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