Colombia Guía oficial de viajes
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Martes 21 de Septiembre de 2010 00:00
Aún estaba oscuro, pero ya estábamos listos para salir con nuestras cámaras. Ewa prefirió quedarse y dormir un poco más, mientras nosotros tomamos fotografías. En la camioneta con Iván, Francisco, Mario y Melany empezamos a avistar un amanecer rojizo que se asomaba con timidez en el horizonte de montañas terracota.
A nuestro alrededor volaban cientos de libélulas que depredaban otros insectos más pequeños, dejando tras de sí, una estela de sonido de alas que se baten con fuerza. llegamos al faro y vimos desde arriba del faro el ojo de agua y la playa del Pilón. A pesar de las nubes, parece que la mañana sería lo suficientemente buena para tener un cielo azul.
Volvimos al hospedaje en busca del desayuno y luego partimos con Ewa hacia la zona de dunas rojas que tantas veces habíamos visto en fotografías de guías de viaje. Maravillados vimos como la topografía lentamente cambia y se hace aún más desértica, hasta que al final sólo queda arena y algunas motas verdes de plantas espinosas.
Mela y Ewa quedaron, desde la primera ola, empapadas de pies a cabeza, pero saltaron como locas y jugaron con ellas.
Dejamos las sandalias en el suelo y corrimos hacia las olas que se estrellaban contra las rocas. Mela y Ewa quedaron, desde la primera ola, empapadas de pies a cabeza, pero saltaron como locas y jugaron con ellas. Claro, Carlos aprovechó para sacar algunas fotografías del momento.
Iván nos llamó de nuevo a la camioneta, para al fin conocer la Playa del Pilón. Resultó ser todo un paraíso de aguas turquesa muy tranquilas. El agua es bastante salada, pero tiene una temperatura perfecta para disfrutar de ella, sin sentir frío. El sol ya estaba muy fuerte, y claro, no importa el bloqueador que se use, siempre el sol hará de las suyas en la piel. ¡Todos terminamos colorados y adoloridos!
De nuevo en el hospedaje, comimos un deliciosos pargo rojo con arroz de coco, patacón y ensalada, a orillas de la playa. A esa hora, el cielo ya estaba un poco nublado, pues estábamos en invierno. Así llegó la hora de emprender el camino de regreso a Riohacha. Ninguno quería volver, pues un día es muy poco para disfrutar del lugar.
La carretera sin novedades. un poco más seca por el sol, pero aun tenía algo de fango. Esto es un camino para excelentes conductores y camionetas 4 x 4. Pasamos Uribia y, al llegar de nuevo a cuatro vías, compramos avena, la misma del desayuno del día anterior. Veinte kilómetros antes de llegar a Riohacha, empezó la lluvia, así que no pudimos ir de nuevo al malecón, para comprar mochilas wayúu. Así nos despide la ciudad. Mañana será tiempo tomar el camino a Santa Marta.

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