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Torrentismo y espeleologia. Día 7

Haga click sobre la imagen para ampliarla Torrentismo en Juan Curí. /Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Torrentismo en Juan Curí. /Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Un nuevo día para la adrenalina. Nos levantamos y nos pusimos ropa cómoda y zapatos que pudieran mojarse. Empacamos ropa para cambiarnos cuando termináramos las actividades deportivas que, como se imaginarán, involucraban agua. El contacto lo hicimos a través de Colombia Rafting.

Lo primero fue ir a la cascada de Juan Curí, a 30 minutos de San Gil, para hacer torrentismo. En una caminata de 40 minutos, subimos una empinada montaña hasta llegar a la orilla de la segunda caída de agua. El recorrido está lleno de las mariposas más variadas que yo jamás haya visto: Las había naranjas y pequeñitas, naranjas con rojo, rojas, unas muy grandes color azul turquesa, blancas... todo decorado así, como en un cuento de hadas.

Nos pusimos nuestros arneses y recibimos instrucción de los guías para descender, después de que, con un tablón y unas piedras, desviaran un poco el curso del agua, para que la corriente no fuera tan fuerte.

Debo confesar que al principio tuve miedo. Los 70 metros que nos separaban del suelo son de verdad intimidantes. Si no se siguen las instrucciones y se es irresponsable, la caída puede resultar fatal. Pero me sobrepuse rápido y nadie se dio mi cuenta de mi miedo.

Los guías estaban nerviosos con Suescún y conmigo, porque nos acercábamos mucho a la orilla para obtener buenas fotografías y videos. Suescún bajó primero y lo hizo como todo un experto, de a saltitos y sin temor alguno. Después seguimos Forero y yo. Él ya tenía algo de experiencia, así que cero nervios.

Cuando me pusieron el arnés de seguridad, llevé mi cuerpo hacia atrás para tensar las cuerdas e inicié el descenso. No fue para nada difícil y sentir el agua salpicando con fuerza mi piel, fue vigorizante. Al llegar al suelo, me sentí victoriosa y grité de la emoción; puedo decir que es una de las mejores cosas que he hecho en toda mi vida.

Entre las cuevas de Santander

Haga click sobre la imagen para ampliarla Entrada a la Cueva de la Vaca. /Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Entrada a la Cueva de la Vaca. /Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Después venía la espeleología en la Cueva de la Vaca, la cual consiste en caminar y nadar en unas cavernas naturales, labradas por el agua y las fuerzas geológicas. Esta es una de las cuevas más bellas e interesantes, por su innumerable variedad de formaciones, estalactitas y estalagmitas. Llegamos ahí gracias a Gua-iti, una empresa con guías certificados que, además de espeleología, ofrecen caminatas, cabalgatas, rappel, torrentismo, canotaje y parapente.

Suescún se arriesgó a llevar la cámara para intentar obtener algunas tomas, en medio de la escasa luz que proveían nuestros cascos. Para poder empezar, teníamos que sujetar una cuerda, uno por uno, y aguantar la respiración durante 7 segundos, mientras en el otro extremo de la cueva, uno de los dos guías halaba la cuerda para que legáramos hasta él.

La primera sala de la cueva es la de los murciélagos, porque su techo está cubierto de ellos. La segunda es una en la que uno se desplaza arrastrándose, hasta llegar a la tercera, la cual posee unos pozos naturales en el suelo. A esa le sigue la de las cortinas de yeso, por unas formaciones en forma de cortina que caen desde el techo.

La cueva más bonita es la del techo de cristal, llamado así porque sus estalagmitas son traslúcidas y brillan como cristales.

En un momento hicimos una caminata de 30 metros en la oscuridad absoluta. Nos tomamos de la mano y seguimos el camino, para sentir cómo vive un invidente y cuáles son sus dificultades.

Después llegamos a la cueva más bonita: la del techo de cristal. Las estalagmitas son todas producto de la lenta caída de gotas de carbonato de calcio, por lo cual brillan como cristales. Nos sentamos un rato a contemplar esas formaciones geológicas y a hacerlas brillar con la luz de nuestros cascos, hasta que llegó la hora de continuar con el camino.

En el regreso, nos lanzamos por un tobogán de lodo. Fui la primera, no había suficiente agua y no rodé rápido. Después siguieron dos extranjeras, Maike y Jaqui, que gritaron de emoción. El último fue Forero quien rodó hasta el final, no sin haber recibido un golpe en las costillas.

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