Colombia Guía oficial de viajes
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Sábado 28 de Agosto de 2010 00:00
El día empieza con un desayuno delicioso, al estilo santandereano: arepitas de maíz pelao’, huevitos pericos y café. ¡Listos para la aventura que se nos venía encima!
Hacia el sur de Bucaramanga, en la región de Floridablanca, se encuentra grupo de condominios con un hermoso campo de golf en el medio. La superficie es muy irregular, por lo cual el campo de 18 hoyos, diseñado por Jack Nicklaus, exige gran precisión. Se trata del Club Ruitoque, ubicado en un área montañosa.
El club campestre tiene infraestructura suficiente para albergar eventos de grande porte, enmarcados siempre por la belleza y exclusividad de sus campos de golf.
Una vez terminamos las fotografías, salimos de Ruitoque para encontrarlos con el Volador Las Águilas, un área desde la cual se ve perfectamente Floridablanca y la planicie de Bucaramanga. Varios pilotos saltan desde ahí en sus parapentes y sobrevuelan el área.
El primero en saltar fue Carlos Suescún. Hizo un sobrevuelo tranquilo hasta que llegó la hora de las piruetas. Sin ningún tipo de peligro, daban volteretas de arriba a abajo, hasta que, cerca de tierra, Carlos preguntó si eso era todo, y ahí hicieron una vuelta espectacular en la cual quedaron a pocos metros del suelo. !Emoción máxima!
El último era también el más emocionado: Carlos Forero. Se puso el equipo y esperó ansioso que el momento de volar en parapente llegara.
Después seguía yo. Describir la sensación es difícil, pero lo intentaré: Con los pies en tierra firme, uno se pone el casco y el equipo con el cual se ata al piloto profesional de parapente. Él ha desenredado previamente todas las cuerdas que lo sujetan al planeador o vela de tela. De un momento a otro, dos personas toman los arneses, elevan la vela y lo impulsan a uno hacia el borde de la montaña. Suescún estaba en tierra firme fotografiando el momento.
Los pies en el aire se balancean y el viento cae sobre el rostro. Un paisaje espectacular se descubre y casas curiosas aparecen escondidas entre la montaña. Al principio, estaba muy concentrada en tomar fotografías y capturar video, así que no fue muy fuerte la impresión. Cuando decidí que ya tenía el material que buscaba, me relaje y empecé a disfrutar el paisaje.
De un momento a otro, Harley, el piloto, empezó a hacer piruetas que me produjeron un vacío muy divertido. Grité de la emoción y dejé que mis ojos se confundieran entre tantos giros y nubes y montañas que desaparecían a su antojo. El aterrizaje fue muy suave y, con los pies en el suelo, sentí algo de mareo. De todas formas, no podía borrar la sonrisa de mi rostro.
El último era también el más emocionado: Carlos Forero. Se puso el equipo y esperó ansioso que el momento llegara. Gritó con toda la fuerza de sus pulmones y se dejó elevar para sobrevolar la montaña. Cuando descendió, la felicidad y la adrenalina aún eran visibles en su rostro.
En el volador entrevistamos a Bob, un norteamericano enamorado de Santander y Colombia, y a Marcus, un suizo que estaba de paso por Colombia, gracias al viaje en motocicleta que está haciendo por Suramérica.
Cuando volvimos al área urbana de Bucaramanga, conocimos el Club Campestre, donde recibimos un delicioso almuerzo e hicimos una caminata en su campo de golf, para ver el atardecer desde ahí.

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