Colombia Guía oficial de viajes
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Viernes 27 de Agosto de 2010 00:00
El camino empezó desde Bogotá. Carlos Suescún y Carlos Forero pasaron por mi casa y bajé mi maleta conmigo. La ruta inicia en el norte de Bogotá, por la vía a Tunja. El paisaje está cruzado por montañas verdes y fértiles, perfecta para diversos tipos de cultivo. Nos detuvimos a desayunar y a tomar café caliente, sobretodo Suescún, quien, como de costumbre, había trasnochado trabajando y estaba quedándose dormido al volante.
Atravesamos el embalse del Sisga sobre un puente de, calculo, más de 100 metros de altura. Es uno de los lugares más hermosos e interesantes para los deportes náuticos en Cundinamarca. Continuamos hasta pasar por lugares históricos como el Puente de Boyacá y en las cercanías con el Pantano de Vargas. Hasta Tunja, una ciudad comercial y capital en Boyacá, hay tres peajes que vale la pena pagar por el excelente estado de la vía.
Creo que no he hablado de esto antes, pero mi sentido de la orientación y a seguridad que tengo al hablar, me convierten en un peligro viajero. En lugar de entrar a Tunja decidimos, gracias a mi acto persuasivo, tomar la vía a Sogamoso, porque no sé en qué lugar de mi inconsciente decidí que era por ahí que debía pasarse y, como ninguno e los dos Carlos habían viajado a Santander, me tomaron la palabra y obedecieron.
Llevábamos más de cuarenta kilómetros y ninguna señalización que indicara que estábamos camino a Bucaramanga, nuestro destino final, así que acudimos al sabio “paremos a preguntar”. Sí señores, hemos tomado el camino errado que nos llevará a Villavicencio, exactamente la dirección contraria. A esto, le llamamos “Gocadas”, dadas mis constantes torpezas y a mi seudónimo: Nataliagoca.
Retomamos el camino a Tunja y ahí tomamos la vía Moniquirá - Barbosa - Socorro - San Gil - Bucaramanga. La angosta y curvilínea carretera está surcada por paisajes que van desde montañas coloridas hasta muros naturales de piedra musgosa y cañones imponentes que obligan a parar en medio del camino para contemplar en silencio.
Si me preguntan, el mejor lugar de toda la vía es también el más difícil para los conductores (yo no sé manejar, eso explica mi constante desoriente): el del cañón de Chicamocha. Paredes y montañas de rocas estériles y arenosas se extienden hasta donde la vista alcanza. En el medio, un río que se ve casi insignificante ondula por entre los pliegues de las elevaciones y se funde con el paisaje en una danza inolvidable.
Finalmente, después de 394 Kms., cruzar pueblos que se veían bonitos e interesantes a primera vista (y que después recorreríamos con calma), y de 7 peajes que sumaron alrededor de $40.000 pesos, llegamos a Bucaramanga. Es una ciudad de gran actividad comercial que está en constante modernización. Esta es mi primera visita a la ciudad y espero descubrir poco a poco por qué es conocida como la Ciudad Bonita de Colombia.
Bucaramanga es una ciudad verde, llena de parques y de gran actividad comercial.
Llegamos en pico y placa, es decir, que debíamos esperar a las 7 de la noche para poder movilizarnos con tranquilidad y sin cometer una infracción. Pasamos unas horas en el centro comercial La Florida y percibimos como Bucaramanga es una ciudad comercialmente activa, perfecta para hacer compras.
Llegado el momento, fuimos al Hotel Ciudad Bonita, que nos recibió con una bebida de bienvenida y unas habitaciones espectaculares. Después de un largo trayecto, la mejor manera de terminar el día fue pasar un rato en el turco y el sauna. ¡Listos para dormir y empezar un nuevo día!

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