Colombia Guía oficial de viajes
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Martes 10 de Agosto de 2010 00:00
¿Cómo describir lo que es no tener electricidad? Suena tonto, pero es increíble lo que se descubre cuando en realidad no hay posibilidad de estar conectado todo el tiempo a una fuente de energía. Uno conoce gente nueva, se toma el tiempo de dedicarse a una conversación, una cerveza, un chiste. Hace tanto que esas cosas no salían con tanta espontaneidad como en la noche de ayer.
Creo que esa es la ventaja que ofrece estar en un lugar remoto de Colombia como Nuquí. No tengo más remedio que rendirme al encanto de la naturaleza, al sonido de las olas, al canto de los monos aulladores. Por primera vez en muchos años, me siento absolutamente relajada, a pesar de que estoy trabajando.
Dato curioso: en medio de la selva, dormí con las ventanas abiertas y un toldo que no fue necesario. Los animales aquí son tranquilos y viven, como los chocoanos, al ritmo de la marea, se va rápido si está baja, se va lento y con calma si está alta. Pero se va, la vida no para.
Ewa, Mario, Carlos y yo conocimos personas maravillosas que compartían con nosotros el encantamiento de Nuquí. Debo decir que mi favorita es Sofía, una madrileña de 11 años que vino por primera vez a Colombia por voluntad de Martha, colombo española, y su padre José, español. Ellos decidieron que era buena edad para que ella viviera este viaje inolvidable.
También hay una pareja de colombiana con francés que, en su primer viaje, ha quedado maravillado por la belleza y bondad del país. Otra pareja tiene una historia maravillosa: Ella es holandesa y él colombiano, sólo que, desde los 4 meses de nacido, fue adoptado y llevado a Holanda, por lo cual no sabe nada de español. Este viaje lo ha tocado en lo más profundo, no sólo por conocer un nuevo país, el suyo, sino por ver por 1ra vez a su familia natural.
Estas son las personas con quienes uno se encuentra en un viaje, que hacen que sea significativo.
Este fue un día de muchas cosas: En la mañana salimos a buscar a las enormes ballenas yubarta que vienen todos los años, entre julio y octubre. Nos acercamos en una lancha de motor a una que saltaba sobre el agua, celebrando el nacimiento de su bebé. Apenas ambas ballenas sintieron nuestra presencia, se hicieron más tímidas y dejaron de saltar, para sacar sus lomos y respirar. Son animales muy inteligentes y con un gran instinto de conservación, a pesar de nuestra pequeñez.
Después de tres horas de cazar ballenas con el lente de nuestras cámaras, volvimos para disfrutar el delicioso almuerzo que Irma, Mori y Érika tenían para nosotros: un pescado en salsa de maracuyá que nos dejó listos para lo que venía.
Caminamos por la playa con Tello, nuestro guía. Él nos entregó unas enormes tablas de surf para aprendices. La lección había comenzado un poco antes con la instrucción teórica en la que nos dio normas de seguridad, consejos para surfear, técnica y hasta nos hizo practicar en una tabla de madera sobre un cilindro de cemento sobre los cuales debe mantenerse el equilibrio.
Una vez en el agua, uno empieza a hacerse consciente e la fuerza de las olas. Nadar contra ellas para legar al punto ideal es una tarea ardua. Una vez se está en posición, Tello espera la ola ideal y da la orden de empezar a nadar sobre la tabla con toda la fuerza de nuestros brazos, para luego ponerse de pie.
"Surfear es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Sé que volveré a Nuquí para aprender mejor."
La primera vez logré sostenerme 10 segundos hasta que la ola me llevó hasta la playa. Me bajé justo antes de llegar a la playa, para que las quillas de la tabla no se quebraran. La sensación es de lo mejor, no sé cómo describirla, pero mi cuerpo reaccionó de tal manera a la emoción que empecé a gritar victoriosa.
Sentir cómo esas olas tienen a fuerza para impulsarlo a uno sobre ellas y la adrenalina de haber logrado ponerme en pie es una cosa que he sentido poquísismas veces. Me convertí en una niña de nuevo y lo intenté una y otra vez hasta que la piel de mi abdomen no soportó más el roce con la fibra antideslizante de la tabla. Amé la experiencia. Vendré con más frecuencia a Nuquí para aprender mejor.
Llegada la noche, volvimos al hotel y compartimos con los demás turistas, nuestros nuevos amigos, un exquisito plato de esta región: el “desmechado” de pescado. Puedo asegurar que, en mi vida, he probado algo más exquisito: consiste en uns pescado ahumado durante dos horas y luego cocido en leche de coco, cilantro, pimentón, cebolla cabezona y pimienta, ingredientes que se ponen a reducir a fuego lento, hasta secarse. El resultado es un aromático plato del que seguro quiero repetición.
Esa noche vimos fotos con los demás huéspedes y nos conocimos mejor. Me sorprende cómo, poco a poco, nos convertimos en una pequeña comunidad. El peor y más antinatural invento del hombre es el bombillo, he escuchado decir por ahí. La falta de electricidad me lo comprobó porque, en lugar de irnos todos a nuestras habitaciones después de la comida, preferimos quedarnos todos juntos alrededor de la única fuente de luz y conversar.

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