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Último día en el paraíso de coral. Dia 6

Haga click sobre la imagen para ampliarla Hotel Cocoplum. / Fot: Carlos Sueskún.

Hotel Cocoplum. / Fot: Carlos Sueskún.

Comienza nuestro último día en San Andrés. A las cinco de la mañana ya estamos en pie y alistándonos para descubrir una cara no explorada de San Andrés: la del ecoturismo. A las seis de la mañana estábamos de pantalones largos y con binoculares en mano para hacer avistamiento de aves. La posición geográfica de la isla la hace uno de los lugares obligatorios de parada para muchas especies migratorias, de manera que para ornitólogos y aficionados la isla resulta un aviario magnífico.

Después de eso nos pusimos nuestros wet suits y unos tanques de oxígeno y salimos a bucear. “Creíamos que el cielo estaba arriba, pero resulta que está abajo, en el fondo del mar”, es uno de los comentarios que sueltan turistas e instructores de buceo después de conocer la barrera coralina que rodea la isla. Fue una experiencia maravillosa e inolvidable: peces multicolores y corales con mil formas estimulantes para la vista.

Después de una hora y media de inmersión, nos quitamos el equipo y salimos en la moto a visitar West View, un ecoparque donde se conocen las especies frutales nativas y se hacen cabañas en troncos de coco. Todo el proyecto vela por la naturaleza y por el mantenimiento de las costumbres locales y raizales. Otro proyecto similar es Job Saas Farm, otra granja ecoturística donde, además de las plantas, pueden verse especies en peligro como los cangrejos negros, las tortugas morrocotas y las iguanas. Aquí se vende también música típica de la isla, hecha por los mismos habitantes de San Andrés.

Tarde para conocer hoteles

Al finalizar la jornada de ecoturismo, fuimos al hotel Boutique San Luis Village, el cual posee una de las mejores playas de la isla y una piscina de agua natural que, después de filtrarse a través de la arena y la tierra, llega a un pozo donde sólo hay agua dulce y pura. Después nos dirigimos hacia el hotel Cocoplum, lugar en el que nos hospedamos e hicimos fotografías de él. No habíamos tenido tiempo de conocer las instalaciones, pero finalmente tuvimos la oportunidad de tomarnos una deliciosa sopa de pescado en el restaurante.

Descubrimos que Providencia no es San Andrés y que ambos son destinos para nunca olvidar.

También estuvimos en otro hotel con una oferta diferente: el hotel Sol Caribe Campo. Incrustado en una zona montañosa en el extremo oriental de San Andrés. Posee una vista maravillosa hacia el mar que roba el aliento.

El tiempo acabó. Hora de alistar maletas y dirigirnos hacia el aeropuerto. Para disfrutar San Andrés definitivamente hay que salir del hotel y descubrir lo que hay fuera. Restaurantes con comida exquisita, ecoparques en los cuales puede aprenderse sobre los raizales, un mar espectacular que en la superficie muestra siete colores pero que, en la profundidad, posee una gama interminable que extasía los sentidos. Descubrimos que Providencia no es San Andrés y que ambos son destinos para nunca olvidar. Sabemos que volveremos. Sólo hay que empacar de nuevo.

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