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Encuentro con el “Kumanday”. Día 6

Haga click sobre la imagen para ampliarla Kumanday, así es como se conoce a este regalo de la naturaleza, con una altura máxima de 5.321 m.s.n.m. / Foto: Carlos Sueskún.

Kumanday, así es como se conoce a este regalo de la naturaleza, con una altura máxima de 5.321 m.s.n.m. / Foto: Carlos Sueskún.

6:00 a.m. y comenzamos nuestro recorrido desde Manizales hacia el Parque Natural Nacional Los Nevados. Emocionados, vimos cómo desde la carretera hacia este mágico lugar aparece imponente el Nevado del Ruiz.

Kumanday, así es como se conoce a este regalo de la naturaleza, con 5.321 m.s.n.m., cubierto por hermosa nieve que contrasta con el verde infinito de la cordillera y sus montañas.

Paisajes majestuosos e imponentes, bellos parajes, propios de la región cafetera, anunciaban el encuentro con la madre tierra y con la vida que se desprende de ella.

A 4.050 m.s.n.m. encontramos la entrada al Parque, que está ubicada en un sector denominado Brisas. Fuimos recibidos por los guías quienes compartieron una charla informativa acerca de los Parques Naturales en Colombia y la importancia de preservarlos, además de unas recomendaciones sobre el ascenso al Ruiz.

Haga click sobre la imagen para ampliarla A 4.050 m.s.n.m. se encuentra la entrada al Parque, ubicada en el sector Brisas / Foto: Elena Jaramillo.

A 4.050 m.s.n.m. se encuentra la entrada al Parque, ubicada en el sector Brisas / Foto: Elena Jaramillo.

Justo antes de partir, tuvimos la fortuna de conocer a Alexis Ramírez y Lina Castaño, una pareja de esposos residente en Pereira, que viajó ese día en moto pero el ascenso no le fue permitido, así que decidimos acogerlos.

Emprendimos un viaje de 10 kilómetros transitando por la carretera más alta de Colombia y realizamos estaciones en tres puntos estratégicos que nos permitieron adaptarnos poco a poco a las difíciles condiciones originadas por cambios drásticos de altura.

Pasamos por Aguacerales a 4.070 m.s.n.m.; continuamos por los Valles Lunares a 4.250 m.s.n.m.; y además por el Valle de las Tumbas, ubicado a 4.330 m.s.n.m., conocido también como el Valle de la Soledad.

En este último punto pudimos observar el Cañón Molinos por donde bajó parte de la avalancha que destruyó al municipio de Armero el 13 de noviembre de 1985.

También escuchamos el eco de nuestras voces llamando juntas al Kumanday. Fue así como anunciamos nuestra visita y pedimos aprobación para deslizar nuestros pies en su suelo sagrado. En este mágico momento sentimos la fuerza de este gigante que esperaba por nosotros en silencio, majestuoso e imponente.

Haga click sobre la imagen para ampliarla La Olleta es el volcán inactivo más joven del Parque y es conocido también como El León Dormido / Foto: Alexis Ramírez Idárraga.

La Olleta es el volcán inactivo más joven del Parque y es conocido también como El León Dormido / Foto: Alexis Ramírez Idárraga.

Al salir del Valle de las Tumbas, el camino trazaba 17 curvas formando un zigzag que se elevó hasta los 4.600 m.s.n.m. y así llegamos a la ladera del cráter La Olleta, un volcán inactivo, el más joven del Parque, conocido como El León Dormido.

Finalmente nos encontramos en el refugio y comenzamos una caminata a 4.800 m.s.n.m. El ascenso estuvo impetuoso y cargado de emociones y respeto hacia la montaña. El paisaje desde allí fue maravilloso y en cuestión de segundos el cielo cambió su color, de un azul profundo a una mezcla de nubes densas que se confundían con la nieve que reposa a filo del Ruiz.

El León Dormido custodiaba nuestro camino y sentíamos en los fuertes latidos de nuestro corazón la energía de la montaña, del gran padre, que nos recibía y nos mostraba su poder.

Así llegamos a 5.125 m.s.n.m., límite permitido para los turistas en el Nevado del Ruiz. Experimentamos la euforia del frío y de la nieve, de un paisaje tan hermoso que se quedaría grabado en nuestra memoria para siempre.

Durante este sorprendente recorrido, Kumanday nos quitó el aliento pero también nos entregó toda su fuerza y la vitalidad que habitan en su interior.

Haga click sobre la imagen para ampliarla  Compartimos abrazos y buena energía con nuestros nuevos amigos y también con la maravillosa guía Neydy Milena Cadavid / Foto: Lina Castaño.

Compartimos abrazos y buena energía con nuestros nuevos amigos y también con la maravillosa guía Neydy Milena Cadavid / Foto: Lina Castaño.

Nuestro regreso no tuvo palabras, confundidos porque aún no entendíamos si aquello que habíamos vivido era un sueño o algo real, compartimos abrazos y buena energía con nuestros nuevos amigos y también con la maravillosa guía Neydy Milena Cadavid.

Así, con la mente puesta en las cabelleras blancas del Kumanday, continuamos la travesía, convencidos de encontrar aún más sorpresas en esta tierra de sueños.

Caída la noche llegamos a la hermosa Hacienda Venecia, ubicada a 20 minutos de Manizales. Fuimos recibidos por su propietario, quien nos mostró la magia de esta tradicional hacienda cafetera, recorrimos sus pasillos, jardines y habitaciones y comprendimos el valor de la tradición cafetera.

Esa noche descansamos arrullados por el sonido de los riachuelos que cruzan la Hacienda Venecia y con las imágenes del Nevado del Ruiz en nuestros sueños.

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