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La Calle Real es un espacio para el carnaval artesanal de los habitantes de Salento / Foto: Carlos Sueskún.
En medio de calles abrazadas por casas de bahareque y techos de barro cocido, se encuentra la Calle Real, un espacio para el carnaval artesanal de los habitantes de Salento quienes, en un derroche de sonrisas y amabilidad, ofrecen con orgullo el fruto de un trabajo artesanal que comprende brazaletes de aromáticos granos de café, vajillas de árbol de totumo, tejidos y adornos en guadua.
Al final de esta callecita, se encuentra una escalinata de 238 peldaños que posee en su extremo más alto un mirador cuya vista roba el aliento. Se trata del deslumbrante paisaje del Valle del Cocora, una tierra fértil donde habita silenciosa la palma de cera, emblema nacional. Su nombre se le atribuye al canto de un pájaro también llamado Cocora e incluso a una princesa indígena de la cultura Quimbaya. El significado es “estrella de agua”.
Este valle está atravesado por el río Quindío, al igual que otras zonas circundadas por otras fuentes de agua donde nadan y se crían las truchas arco iris, proveedoras de uno de los sabores más relevantes en la gastronomía de Salento. La preparan al ajillo, a las finas hierbas, con almendras o de cualquier otra forma imaginada, siempre acompañada de arroz, patacones (tortillas de plátano verde) y ensalada.
En el Valle del Cocora crece imponente la palma de cera que custodia el camino hacia el bosque de niebla / Foto: Carlos Sueskún.
La historia que, sin duda, mejor recordarán los viajeros será la que vivan en el Valle del Cocora. Esta puede ser una travesía de uno o dos días. Si se hace en una sola jornada, la experiencia consiste en una caminata ecológica o una cabalgata (2 horas aprox.) hacia el bosque de niebla, en medio de un paisaje insospechado, rodeado por gigantes palmas de cera, que finaliza con un almuerzo en los tradicionales restaurantes de la zona, cuya especialidad es la trucha.
La segunda opción es subir hasta la cima de la montaña que en ocasiones se cubre de nieve, para lo cual la exigencia física y la preparación mental son fundamentales. Cualquiera que sea el plan que se escoja, la travesía inicia en la plaza de Salento, donde se toma un Jeep Willys adaptado para el transporte público.
Una vez en la entrada al Valle del Cocora, el típico carrito deja a sus pasajeros a merced de las delicias gastronómicas y de la naturaleza, para dar paso al trayecto hacia las nieblas que semejan un maravilloso cuento de hadas.

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