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Don Francisco Padilla y Ayerbe escuchó la historia del milagro de la virgen que apareció un día tallada perfectamente sobre una roca y que los campesinos e la zona empezaron a venerar. Decidió fundar una aldea en su honor, que admirara desde la meseta la belleza del paisaje desértico, lo cual hizo en 1705. Alrededor de la iglesia, se construyeron varias casitas que hoy configuran a Barichara.
Con el tiempo, la influencia de los indígenas Guane llevó a que el pueblito se llamara Barichara, que en su lengua indígena significa “lugar para el descanso”. El 3 de agosto de 1978, la belleza y nivel de conservación arquitectónica la llevaron a convertirse en Monumento Nacional.
Al principio, la aldea era parte del municipio de San Gil, ciudad que también posee una hermosa iglesia toda tallada en roca amarilla. El 13 de enero de 1800 se independizó y se convirtió en una villa.
Piedra sobre piedra fueron construidas la mayoría de las casas y todas las iglesias de este pueblo, una sobre otra admiran las fachadas blancas que adornan a gran parte de sus viviendas. Algunas tímidas, otras no tanto, las iglesias se sitúan en diferentes puntos de la población, tan parecidas, pero tan diferentes.
La madre de todas es la Catedral de la Inmaculada Concepción en la plaza principal. La edificación fue construida en honor a la Virgen de la Roca, de la cual se dice que, en un acto milagroso, apareció tallada perfectamente en una piedra. El templo observa, día y noche, la plaza también de suelo amarillo y plantas que dan una refrescante sombra.
La arquitectura de Barichara posee influencias moriscas y andaluzas, retocadas por la belleza de la roca amarila de la región.
Al igual que la catedral, la Capilla de Jesús junto al cementerio; la de Santa Bárbara en el extremo norte, adornada por una gigantesca ceiba que calma la sed de sombra de quienes lo visitan, y la de San Antonio al sur, lucen sus paredes amarillas, alguna vez parte de una cantera de esta piedra, en la región.
Por su parte, el cementerio es un remanso de paz totalmente tallado en piedras que lucen las flores que las personas llevan a los difuntos. La belleza de este lugar de descanso final embriaga los sentidos de nostalgia y melancolía que abren la capacidad de apreciar su calma.
La influencia de la arquitectura andaluz, morisca y española es evidente, todo un espectáculo para fotógrafos y arquitectos amantes de este tipo de edificaciones.
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