Colombia Guía oficial de viajes
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Las tiendas Juan Valdez en la calle 57 de Nueva York y en Washington, justo al frente de la Casa Blanca, más que marca en zonas estratégicas, son la imagen de Colombia representada en estas dos avenidas más famosas del mundo por una taza del café más suave y delicioso del mundo.
El café de Colombia crece en las montañas del Triángulo del Café, en las Cordilleras de los Andes, pero su sabor y aroma se encuentra por todas partes, viajando en el humo seductor de un tinto recién hecho.
Tinto es la presentación por excelencia del café, un nombre dado por antonomasia en Colombia, donde su sola referencia es sinónimo de afecto y hospitalidad. Un tinto, que en una calle de Londres cuesta hasta cuatro libras, en Colombia puede conseguirse gratis, porque cualquier persona está dispuesta a prepararlo, ofrecerlo y entablar un diálogo aromatizado con café. Por algo se acuñó desde hace varios años una frase que sirvió de bandera para una exitosa campaña publicitaria: “Tomémonos un tinto, seamos amigos”.
Ese principio de amistad nace desde el mismo trabajo juicioso del arriero en las montañas que en la faena diaria deja su esfuerzo para que de la tierra broten los mejores frutos. Y quienes nos honramos de probar tan deliciosa bebida, solo podemos agradecer la abnegada labor, porque gracias al café, se conocen las buenas noticias de todos los días.
Es costumbre en Colombia iniciar las jornadas con una taza de café que da energía y optimismo. En cualquier lugar: en los paisajes cafeteros, en las playas, los escenarios exóticos o las grandes ciudades siempre habrá alguien que lo sirva y lo brinde.
Muchos extranjeros que han visitado Colombia, la asociación con el café, gracias al trabajo de promoción en el mundo que ha realizado durante muchos lustros Juan Valdez con su mula Conchita y por la creatividad del colombiano que se ha disparado para presentar al mundo el café de distintas formas y originar toda una cultura y una forma de dar a conocer Colombia.
Por eso las fincas productoras del grano en el Triángulo del Café, una región conformada por los departamentos de Quindío, Caldas y Risaralda, con su tradicional arquitectura, en la actualidad sirven de hospedaje y de entorno para que el visitante aprenda todo acerca de las labores agrícolas y el proceso del grano.
En las fincas cafeteras, contadas por centenares, el café ha sido motor fundamental en el desarrollo económico y una razón muy fuerte para que el viajero se interne en sus montañas y conozca una gama de posibilidades turísticas mediante las que se aprovechan al máximo las bondades del paisaje cafetero. En este orden de ideas, llegar a dicha zona del país es conocer un panorama tupido de cafetos, rodeado de gente buena, de ríos, bosques, pueblos pintorescos y escenarios adecuados para caminar y practicar deportes de aventura, como el balsaje, el canopy y las cabalgatas, entre otras opciones.
En el Triángulo del Café, en cada rincón y a todo momento se rinde homenaje a este fruto.
*“Unesco declara Patrimonio de la Humanidad a toda la zona cafetera que comprende los departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca”
Uno de los ejemplos puede ser el Parque Nacional del Café, una ingeniosa obra con atracciones mecánicas y arquitectónicas en la que se entienden muchas de las razones por las que el café es tan importante para los colombianos. En el parque se hace un resumen físico, natural e histórico de la cultura cafetera, pero allí se acrecienta el interés para salir en la búsqueda de los pueblos montañeros y de todos los atractivos que los cercan, entre ellos Salento y Filandia. En la misma región del Quindío se localiza Panaca, un parque temático donde los animales son protagonistas y la cotidianidad de las montañas cafeteras el atractivo primordial.
En el departamento de Caldas, a la par con el colorido y gentileza de poblaciones cafeteras como Chinchiná y Salamina, se advierte la armonía en la arquitectura de la ciudad de Manizales, de su catedral, del centro histórico y de eventos de trascendencia internacional como el Festival de Teatro y la Feria de Manizales. Muy cerca de allí, está el Nevado del Ruiz, la más importante y de más fácil acceso de las cumbres que conforman el Parque Nacional Natural Los Nevados.
En el tercero de los tres departamentos del Triángulo del Café, Risaralda, la abundancia del fruto en las haciendas cafeteras se complementa con el desarrollo urbanístico y la diversidad del zoológico de la ciudad de Pereira, los beneficios de las aguas termales de Santa Rosa de Cabal, la arquitectura colonial de Marsella y la riqueza incontable de fauna y flora que se halla en reservas naturales como Ucumarí y la Laguna del Otún.
Además del Triángulo del Café, en muchas partes del país se cultiva excelente café: en la Sierra Nevada de Santa Marta, las montañas de Gigante y San Agustín en el departamento del Huila y hasta en los Llanos Orientales. Argumentos sobran y, sin duda, cada día surgirán más, para decir que el café es uno de los objetivos de viaje a Colombia. El ingenio del colombiano no conoce límites, como la buena noticia de que muy pronto los ciclistas nacionales, los célebres “escarabajos”, rodarán por las carreteras del mundo, llevando de nuevo en su pecho y en su espalda simplemente este nombre: Café de Colombia.

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