Colombia Guía oficial de viajes
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Recorrió muchos países del mundo, aprendió de su cultura, su gastronomía y su turismo. Lo ha hecho a bordo de cruceros y en restaurantes donde aprendió lo verdaderamente auténtico de cada lugar. Sin embargo, cuando Olivier Hodent, de Mauritana, llegó a la isla de Providencia tras el amor, no pudo dejar su mar y sus playas.
Lleva 22 años, disfrutando de la cultura y amabilidad de los providencianos, con la ilusión de permanecer suspendido en el tiempo y vivir como se hacía en el siglo XVIII. Hoy, vive del mar y de su pequeño restaurante, Don Olivo, junto a Amparo Pontón, una bogotana que también cayó bajo el embrujo de Providencia y Santa Catalina.
Olivier Hodent: Soy de Mauritania, África.
OH: Hace 22 años.
OH: Por el amor. Llegué a Providencia con una colombiana que conocí cuando me devolví de Australia para Europa y ahí nos conocimos.
OH: En cuanto llegué, ya no quise devolverme.
OH: Porque aquí encontré mi hogar. La gente hablaba el mismo idioma que yo, eran igual de descoloridos, más oscuros o claros que yo. Aquí, encontré mi familia. En los 22 años que llevo aquí, seguimos con las mismas tradiciones, la misma cultura, el mismo mar, los mismos vientos, la misma cultura tradicional a nivel de comida, de lo que podemos y no podemos hacer.
La gente sigue igual: los viejos siguen hablando un mal español o sin hablar español. (En Providencia se habla creole, inglés y español). La gente sigue teniendo sus propias culturas internas e intra familiares.
OH: Conozco muy bien el Triángulo del Café, que me gusta mucho por sus paisajes, su vegetación, su riqueza, su comida. Conozco todo Boyacá, que al igual que el Eje Cafetero impresiona por su riqueza. Visité algunos lugares de la Costa Atlántica como Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.
He visitado en más de una ocasión a Medellin y todos sus alrededores. ¡Qué gente, qué paisaje, qué orden agrícola! El occidente no me es ajeno, alguna vez llegué hasta la ciudad de Pasto, por tierra para probar el cui. Creo que conozco este país de cabo a rabo como aquí dicen, por eso me hice colombiano hace ya 7 años.
De todos sus lugares me quedo con la Divina Providencia y sobre todo con Santa Catalina. Aquí, me siento en casa.
OH: A viajar y a cocinar. He tenido la fortuna de trabajar y aprender de cocina, en los mejores escenarios. Trabajé por toda Africa, mi continente, trabajé en cruceros turísticos, en el sur del Pacífico, Australia, Nueva Caledonia, en la misma Francia.
OH: Porque se van a enamorar de su tierra, de su gente. Cuando yo llegué a Colombia, todo empezó a fluir, todo se abrió. Uno en Colombia está mejor.
OH: No.
OH: Quisiera conocer más el Océano Pacífico colombiano, Amazonas y Orinoco.
OH: Primero, le diría que se quite de la cabeza todos esos miedos que le meten sobre Colombia. Les diría que este es un país para enamorarse. Que si tiene tiempo, lo recorra por tierra y que no deje por fuera de su itinerario a Providencia. Yo la recomendaría como la última parada, donde se descansa del largo camino. También, conocer su gente sonriente, amable y cortés. Visitar el mar, que provee todo y nada en él o practicar snorkeling, diving, fishing.
OH: Sí, sobre todo por su diversidad Colombia tiene de todo. En Providencia, tenemos un espacio muy privilegiado, muy tranquilo, que vale la pena recorrer para ver qué es. El mar nos provee de todo, tenemos una tierra muy volcánica que nos provee también de frutas, de coco. No tenemos nada que envidiarle a nadie. ¡Aquí, los recibimos con una sonrisa!
OH: Sí, la conozco y yo corrí el riego y me quedé. Un gran abrazo y los espero a todos en Don Olivo, mi pequeño restaurante en la isla de Providencia.
OH: Sí, aquí uno tiene derecho de manejar su propia vida como la quiere manejar. Nadie dice “tiene que hacer tal cosa”. Aquí somos nuestros propios dueños y somos reyes de nuestras islas, playas, rocas, corales. ¡Esa es la maravilla de aquí!

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