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Laura Gil
Es excitante la vida en Colombia, es provocadora, uno encuentra desafíos.
Luego de quince años de haberse radicado definitivamente en Colombia, Laura Gil, experta en relaciones internacionales y en derechos humanos, considera que quedarse fue la mejor decisión que tomó. Asegura que a Colombia le debe todo: su hijo, su marido, los mejores amigos y una carrera profesional inmejorable que difícilmente habría logrado en otra parte del mundo.
Tengo un hijo de cinco años que vive orgulloso de ser colombiano.
Por su ocupación y la de su padre, que siempre ha trabajado para organismos internacionales, conoció muchos países, sin embargo, ninguno la sedujo tanto como para quedarse del todo y echar raíces. En Colombia sí lo hizo y vive orgullosa de eso, especialmente al saber que su hijo de cinco años, nacido en Bogotá, va a crecer en un lugar donde la familia, los amigos y las tradiciones tienen un sentido muy valioso, muchas veces sagrado.
Un tío y su acento rioplatense son los dos únicos vínculos que mantiene con Uruguay, su país de origen, y al que dejó siendo muy joven. Y aunque merced a su profesión quiso recorrer el mundo y no vincularse con ninguna nación en particular, una vez conoció Colombia, entendió que era el lugar para reescribir su vida. Ella piensa, siente y vive como colombiana; conoce mucho del país, de su problemática, pero también de todas las bellezas, bondades y de la calidad de gente que lo habita.
Lloré como una Magdalena de la emoción el día en que me nacionalicé colombiana.
Laura Gil ama tanto a Colombia que a pesar de tener ya la doble nacionalidad, manifiesta cierto halo nostálgico cuando la tratan como extranjera. Laura ama tanto a Colombia que en esta entrevista temió caer en palabras cursis y no encontrar las que verdaderamente dimensionen su sentimiento y gratitud por un país de la que es ciudadana hace varios años. A continuación, las respuestas de alguien que en verdad siente a Colombia y que nunca tomaría el riesgo de irse.
LG: Soy uruguaya, pero nacionalizada colombiana.
LG: Hace dieciséis años, en 1993.
LG: Quería visitar el país donde nació mi esposo, a quien conocí en Haití, trabajando para las Naciones Unidas. Estuve 15 días paseando durante las fiestas de Navidad.
LG: Sí, la primera vez fue precisamente en 1993.
LG: Solo un par de semanas mientras pasaba vacaciones. Vine primero a conocer.
LG: En 1994, decidí radicarme con mi esposo. A raíz de mi trabajo en derechos humanos y de observadora internacional desde afuera, quise trabajar desde adentro. Fueron muchas cosas, mi marido, mis amigos, la posibilidad de continuar mi vida profesional. Recuerdo que el primer año la adaptación no fue fácil por el temor de no continuar mi carrera internacional, pero en el segundo le dije a mi marido: “Así nos separemos, yo me quedo aquí, en Colombia”.
LG: Por mi trabajo y viajes en familia conozco casi la mitad del país. Me gustan San Andrés, Santa Marta, San Gil y sus alrededores, pero de todos los lugares el que más me encanta, es Cartagena, donde generalmente paso la Navidad y donde siempre quiero regresar. Cada vez que voy a Cartagena, descubro algo nuevo, alguna calle que no había visto antes…
LG: Trabajaba para la ONU y la OEA en relaciones internacionales y visitando distintas partes del mundo. Ahora, trabajo con un programa del gobierno canadiense en misiones de paz de la ONU, soy consultora de una compañía de inversionistas estadounidenses, escribo una columna para el diario El Tiempo y participo en el programa de opinión Hora 20 de Caracol Radio. Trato de ser lo más independiente posible para dedicarle tiempo a mi familia, especialmente a mi hijo.
LG: Por su riqueza cultural, porque es un país de tradiciones, por la clase profesional que es de las más sofisticadas de América Latina, por la calidez de la gente y el valor que los colombianos le dan a la amistad.
LG: No tengo planes de regresar a Uruguay. De pronto para visitar un tío que tengo allá.
LG: Providencia. Es un lugar que conozco a través de imágenes, pero al que quiero ir, especialmente por su mar. Tengo que conocer también Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta. Estoy esperando que mi hijo crezca un poco más para llevarlo. Tengo, además, dos viajes pendientes a Mompox y Popayán, para conocer las celebraciones de Semana Santa.
LG: Tengo en mi casa un cuarto de huéspedes que siempre está ocupado por familiares o amigos que vienen del extranjero. Generalmente, los llevo a conocer lugares de Bogotá como la Plaza de Bolívar, la Catedral Primada, el barrio La Candelaria, el Museo de Arte del Banco de la República y el Museo del Oro. Después, los llevo a la Catedral de Sal de Zipaquirá. Igualmente, les recomiendo visitar destinos como Cartagena, Santa Marta y San Andrés.
LG: Sí, es un destino de clase mundial, porque tiene de todo. Hay escenarios para el que quiere aventura, hay ciudades modernas para el que le gusta lo urbano, hay una oferta cultural espectacular como el Festival Iberoamericano de Teatro. Solamente en Bogotá hay buen teatro, buenos cines y buenos conciertos todo el tiempo.
LG: Sí, la conozco. De hecho, yo enseño los videoclips promocionales durante mis clases en Canadá y la gente queda gratamente sorprendida por lo que allí se muestra.
LG: Me parece una campaña fabulosa que gusta mucho en el exterior. La gente que ha tenido la experiencia de conocer Colombia me cuenta: “Es verdad, cuando uno va al país, ya no se quiere regresar”. Mis padres, que viven en Estados Unidos, vienen todos los años pero quieren radicarse aquí definitivamente.
LG: Me siento francamente comprometida y enamorada de Colombia, sólo que no me siento extrajera.

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