Colombia Guía oficial de viajes
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Somos una comunidad de extranjeros que vivimos y sentimos Colombia. Aquí encontrarás crónicas de nuestros viajes, llenos de vivencias, sensaciones, sabores, y olores de Colombia. Los invitamos a que conozcan nuestras experiencias.
(*) Colombia.travel y Proexport Colombia no se hace responsable por las opiniones personales presentadas por cada blogger.
Ringggggggg. Suena mi despertador. Son las 6 de la mañana. ¿Qué diablos hago yo levantándome un domingo a estas horas? ¿Por qué no me quedo calentita en la cama? Pues porque me voy de excursión a Sumapaz, el páramo más grande del mundo con 178.000 hectáreas que está muy cerca de Bogotá y tengo que darme prisa porque me están esperando.
Luchando contra viento y marea, me presento a la hora acordada. Somos cuatro extranjeros –un mexicano, una italiana y dos españoles –y el resto, colombianos. Carlos Alfonso Avellaneda y Laura Luse son los encargados del grupo. Él lleva saliendo al monte toda la vida, pero fue en el 93 cuando fundó Caminantes del retorno, una empresa con la que organiza excursiones por toda Colombia. Ella es de Letonia y vive hace dos años y medio en Bogotá. ¿Estamos ya todos? Pues en ¡en marcha!
Paramos a desayunar en Usme: caldo con costilla, huevos pericos, tintos, jugos. Hay que llenar bien el estómago para la caminata que nos espera. Llegamos a nuestro punto de destino, aparcamos la furgoneta y comenzamos a subir. Nuestro meta está a casi 4.000 metros de altitud. Empiezo a oír mi corazón –pom-pom-pom- y mi respiración se acelera. Me concentro. Estamos en medio del bosque de montaña. La vegetación espreciosa. Qué maravilla el color violeta intenso de las flores que hay en el camino. De repente empiezo a oler bien raro: me doy la vuelta y, zas,me encuentro de narices con ¡un chivo! Madre mía qué cuernos tiene. Intentamos esquivarlo y mandarlo de vuelta pero nada, no hay manera: el animal se resiste; quiere venirse de excursión. Tras una democrática deliberación decidimos aceptarlo en el grupo.
Me pongo a charlar con Jesús. Es mexicano y vive y trabaja en Bogotá. Declarado urbanita me confiesa que lo que le gusta de estas excursiones es socializarse, conocer a gente. A mí también, pero me temo que tenemos que dejar nuestra conversación para otro momento. Nos estamos ahogando. Si es que no se puede hablar y subir el monte al mismo tiempo. Por lo menos nosotros y eso que somos de gimnasio casi diario.
Entramos en el páramo del que os puedo decir que es un ecosistema ubicado entre los 3.100 y 4.000 metros de altitud. Lugar sagrado para los indios muiscas, Sumapaz fue llamado el País de la Niebla por los españoles que buscaban El Dorado. Nosotros estamos de suerte: hace un día despejado y muy soleado. Veo los primeros frailejones; hay miles por todos lados. Estas plantas sólo se encuentran en las altas montañas de Venezuela, Colombia y Ecuador. Qué belleza. Carlos me cuenta que crecen tan sólo una media de 2 centímetros al año y que entre sus hojas muertas viven pequeños insectos y hasta ranas y lagartijas. Los acaricio: son suaves como el terciopelo. ¿Y la cabra? Ahí sigue, con nosotros, tan campante, y está feliz porque ha llegado un amiguito para hacerle compañía: un perrito color azabache. Ya estamos al completo.
El grupo va a un ritmo estupendo de subida. Marta, a la cabeza; ella es colombiana y ha venido a la excursión con su marido Armando; les encanta caminar. Mi respiración ya se ha estabilizado, mi corazón se ha adaptado a la altura y ya camino sin dificultad. Me siento muy pequeña, pero muy feliz, en medio de esta inmensidad. Llegamos a un punto elevado del páramo y divisamos las primeras de las más de treinta lagunas que hay en la zona. Las vistas son sobrecogedoras.
Hacemos fotos, fotos y más fotos. Es hora de empezar a bajar. Yo me concentro en el ruido de mis zapatos al pisar el manto de musgo que rodea las zonas con más agua. Plof, plof, plof. Es muy relajante y me sirve de meditación. El paisaje ha cambiado de color y ahora es ocre, anaranjado, verdoso. Vemos patos, algún que otro conejo. No tenemos tanta suerte con los osos de anteojos que no aparecen por ninguna parte. Es tal el silencio que hasta oímos el grañido de las águilas que nos sobrevuelan. Qué bien hice en venir y salir de la ciudad.
Por fin llegamos al “campamento base” bajo unas inmensas montañas a las que llaman las Cuchillas de Bocagrande. Estoy muerta de hambre. Acampamos pegaditos a una de las lagunas. Creo que pocos lugares en el mundo serán mejor que éste para saborear un rico almuerzo. Todo me sabe a gloria después de tres horas de caminata. Los más intrépidos –cabra y perrito incluidos- suben hasta la cumbre de lo que en su día se bautizó como el K2, por eso de la altura. Yo me quedo abajo de charla con Francesca y Jorge. Son amigos; ella es Italiana y él, español. Mientras, Alexandra y su hijo Andrés duermen la siesta plácidamente sobre una roca.
Emprendemos el regreso. Hay otra luz; el paisaje desde este lado es diferente. Pienso cada paso que doy para no caerme en la bajada y eso mantiene mi mente concentrada. El sonido del río y del viento me relajan. Llegamos. Atrás dejamos el páramo, la paz, a Benedicto y a Oso –así nos dice su dueño que se llaman- y volvemos al bullicio de Bogotá con la promesa de encontrarnos pronto para volver a salir juntos a caminar. Hoy me he sentido una verdadera caminante del retorno, de las que buscan en la naturaleza el origen de las cosas sencillas, las verdaderamente importantes; una caminante de las que van para volver. Y hasta me he enamorado un poquito más Colombia. Gracias a todos.
Que delicia Toya, dan ganas de pasear contigo por ese paraje con ese nombre tan cautivador.Te queremos y te echamos de menos, pero sabemos que estás feliz en ese país que tanto te gusta ,que tantas alegrias te está dando y que todos estamos conociendo y amando a través tuyo. Sigue así, haciendonos disfrutar cada día. Un beso gigante desde Barcelona.
Me alegra que disfrutes de cada uno de los rincones de Colombia Toya, ya que no muchos colombianos y/o extranjeros no lo hacen por diferentes circunstacias. Colombia es única como pocos lugares en el planeta y me alegra que podamos disfrutar de tus aventuras a través de este blog. Invita a conocer Colombia.
Sumapaz es una maravilla que afortunadamente no ha sido lo suficientemente explotada. Es hermosísimo encontrarse con lagunitas de colores y vegetación que sólo se había visto antes en los libros. Mucha gente, incluso de Bogotá desconoce su existencia y aunque se saben la teoría de que Bogotá está compuesta por 20 localidades, no se saben los nombres y mucho menos que ésta, Sumapaz, la número 20, hace parte de ella. Te felicito, estás conociendo a mi Colombia, mejor que muchos de nosotros mismos. Te leo desde tu tierra, con ganas de estar en la mía.
¡Un abrazo enorme!
Excelente crónica, maravillosamente escrita por unos ojos sensibles, vivaces, curiosos y amenos. Realmente gente así es la que hace que a uno le entren ganas de tomar un avión y plantarse en esa maravillosa tierra. Felicidades. Y gracias por enseñarnos Colombia de una manera tan divertida, rigurosa y diferente. Sigue así siempre.
Oiga, ahora mismo me voy a sacar del fondo del armario mis botas y este finde salida para el Páramo!.. que Pais tan lindo tenemos y que poco nos acordamos de tanta diversidad!. Sta. o Señora Toya, gracias por desempolvar nuestras mentes incrustadas en el asfalto y hacernos respirar el aire puro que con tan lujo de detalles nos haces sentir.
Gracias por tus comentarios Toya. Yo no conozco el pàramo de Sumapaz a pesar de haber vivido casi toda mi vida en Bogotà, para la pròxima vez que vaya seguro irè a esta caminata, gracias por darla a conocer y describir tan bien mi hermoso paìs. He caminado por las montañas detràs del cero de Monserrato y arriba del Parque Nacional, tambièn allì se ven paisajes preciosos y nos acompañaban las àguilas. Un saludo desde Granollers, Barcelona.
Muy buena tu cronica. Estoy muy de acuerdo con lo que dicen muchos, que a través de tus ojos y tus palabras se está mostrando lo bello que tiene el país. Cada lugar que se visita en Colombia tiene su encanto y no nos cansaremos de disfrutarlo. Aunque yo soy de Bogotá, pero vivo con mi esposo en Vitoria-Gasteiz cada vez que tenemos la oportunidad de estar en el país lo recorremos por tierra para disfrutr de todo. Este paramo no lo hemos visitado pero contigo lo hicimos y lo pondremos en la lista para nuestro siguiente viaje. Sigue mostrándole al mundo lo grande que es nuestra Colombia.
Gracias Rosa por tu mensaje! No es fácil a veces estar tan lejos de mi casa, de mi familia, de mis amigos, de todo lo que más quiero en este mundo pero Colombia me está dando muchas cosas y, sobre todo, me está ayudando a crecer...
Ojalá sigas leyendo el blog y yo consiga que te vayas enamorando poquito a poco de este maravilloso país
Ya puedo decir que soy una admiradora de tus escritos, ahora vivo en España y cada cosa que leo de mi Colombia me hace sentir una nostalgía inmensa y con ganas de regresar a mi Pais pronto, ojala toda la gente que va a Colombia viera ese encanto que tiene el País.
Te felicito.
Hola hola Toya, que buen lugar para explorar. Recordé que hace dos meses estuve en el Páramo de Belmira, a 2 horas y media de Medellín, se llega al pueblo del mismo nombre y el trayecto es de 6 horas más o menos, pero ahora que dices que Sumapaz es el Páramo más grande, me motiva para conocerle en alguna oportunidad. Que bien, te felicito !!!
toya un abrazote..desde Paris..te mando un calido abrazo...es una lastima estuve en Colombia y de paso por Bogota a comienzos de Marzo...hubiera querido hacer ese paseo magnifico por el paramo de sumapaz...conozco el de chingaza..la fabrica de agua de Bogota y es sencillamente impresionante...gracias por querer Colombia..y escribirlo..tu nuevo amigo Luis...el franco Colombiano

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Dan ganas de conocer este páramo solamente por su nombre (Sumapaz), y desde luego, de la mano de "Caminantes del retorno" (otro nombre irresistible). Sumándole tu descripción creo que será un destino fijo si alguna vez viajo a Bogotá. ¡Un beso!