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Somos una comunidad de extranjeros que vivimos y sentimos Colombia. Aquí encontrarás crónicas de nuestros viajes, llenos de vivencias, sensaciones, sabores, y olores de Colombia. Los invitamos a que conozcan nuestras experiencias.

(*) Colombia.travel y PROCOLOMBIA no se hace responsable por las opiniones personales presentadas por cada blogger.


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De viaje por el Paranaguasú, el río Amazonas


Bajo la nubes, el Amazonas serpentea caprichoso entre la selva con su color chocolate. Las vistas desde mi avión son impresionantes. Imagino la de aventuras que me esperan en este inmenso río al que los indígenas primero llamaron, y no sin razón, Paranaguasú, gran pariente del mar, y luego el español Francisco de Orellana le dio su actual nombre después de que asegurara, o más bien soñara, que su embarcación había sido atacada por bellísimas y feroces mujeres a caballo.

 

Mi avión me deja en Leticia, la capital del departamento. Un taxi me lleva hasta la agencia, meto cuatro cosas en mi mochila, me calzo mis botas de caucho para la lluvia y el barro y directa para la selva, a pasar la noche en una maloca, la casa comunitaria indígena. Me acompañan Cristóbal y Plácido, dos indígenas de las etnias bora y cocama quienes en el camino me enseñan que la corteza de un árbol que ellos llaman “colorao” sirve para curar heridas, que la abuta combate la malaria, que hay una flor llamada beso africano que acaba con el dolor de oídos y que el laurel es un excelente remedio para la picadura de escorpión y la mordedura de araña. Y entre ranas, grillos y toda clase de aves aprendo, además, que antiguamente los abuelos rayaban la yuca con la pinchosa corteza de la lapona, a identificar la madriguera de una tarántula, pongo a prueba mi más que precario equilibrio en los puentes de troncos que cruzamos y me como la piña más deliciosa y dulce de toda mi vida que me pelan en un plis plas a golpe de machete. Ahora entiendo las estadísticas que aseguran que el 30% de la flora y fauna de todo el planeta está aquí, en esta selva, por cierto, la más grande del mundo.

 

 

Tras este selvático y enriquecedor paseo llegamos a nuestro destino donde Don Cayetano Sánchez me está esperando. Él es el “Abuelo Sabedor” de esta maloca de la etnia huitoto, el maestro espiritual, el dueño de la casa ceremonial, lugar de reunión y conocimiento. Llego al atardecer y su sobrino está triturando la hoja de coca que será mezclada con la ceniza de yarumo para ayudar a liberar los alcaloides y poder mambearla. El “Abuelo” me sienta a su lado en el mambeadero, el sitio sagrado de la maloca, representación  del cosmos. Y yo que hace tan sólo unas horas estaba en Bogotá, rodeada de edificios, comercios, ruido y coches y ahora me encuentro en este sitio perdido del mundo donde parece que el tiempo se ha parado y en el que no existe el teléfono, claro está, sino un instrumento de percusión de la época de Matusalén construido a base de palos y conocido como manguaré con el que envían mensajes de guerra y hasta de amor y con el que avisan a los vecinos de mi llegada. Yo en mi vida había visto mambear la hoja de coca así que os podéis imaginar la cara que se me queda cuando en medio de la oscuridad vislumbro a estos hombres medio desnudos con los mofletes hinchados, expulsando por la boca un polvillo verde y a los que no entiendo ni papa cuando hablan. Y haciéndole caso al refrán que dice eso de que allí donde fueres haz lo que vieres ni corta ni perezosa pruebo el mambe, el rape y el ambil, un extracto de tabaco, y escucho embobada las historias y cantos de esta gente que amablemente comparte conmigo su ancestral cultura y para los que la sagrada hoja de coca simboliza una bella mujer que los guía en el mundo del conocimiento y les ayuda a vencer la fatiga, el hambre y hasta el sueño.

 

 

Tras pasar la noche en una hamaca, eso sí con mosquitera para evitar los picotazos y oliendo a fruta madura y caguana –bebida hecha de almidón de yuca y jugo de piña-, y reponer fuerzas con un desayuno con casabe –el pan indígena-, y tucupí, una salsa negra y picante extraída de la yuca, nos adentramos de nuevo en la selva. Uy qué cielo más negro, vamos a aligerar el paso. Pero ni corriendo nos libramos del tremendo aguacero que nos cae encima y del que nos resguardamos con unas enormes hojas de platanillo que cortamos y que nos sirven de paraguas.


 

En el puerto de Leticia me espera Edwin, mi guía. Y a navegar por el Amazonas, directos a Puerto Nariño. Si supierais la de veces que he soñado con este río, el más largo del mundo con sus 6.800 kilómetros, y ahora estoy aquí, disfrutando del paseo, de los barcos que van y vienen cargados hasta arriba pero, sobre todo, de sus aguas en esta época bien tranquilas que logran calmar mi alocada mente y enseñarme que aquí la prisa  no sirve para nada. En Puerto Nariño nos embarcamos con Willy en su peque-peque, la embarcación habitual del Amazonas, para dirigirnos hasta la comunidad indígena de San Juan del Socó. Dejamos el Amazonas y nos adentramos en el río Loretoyacú. Qué bonito es todo esto; el agua es menos turbia y la selva la tenemos a ambos lados.

 

 

En San Juan del Socó, modelo de desarrollo turístico responsable y controlado, pasamos el tiempo bañándonos en el río con los niños y con las sardinitas que saltan y nos picotean por todos lados, saliendo a pescar con Junior y maravillándonos de la puntería que tiene esta gente con sus flechas, charlando con los vecinos, viéndoles jugar al fútbol -afición aquí donde las haya-, paseando, haciendo fotos, aprendiendo cómo se prepara la fariña a base de yuca y que los indígenas comen con todo y saboreando los exquisitos pescados que Doña Juliana nos cocina recién sacados del río como la palometa, la sabaleta, el cuyucuyu y el bagre. La gente aquí vive tranquila y nosotros con ellos; los niños juegan descalzos y corretean solos por todos lados; las casas nunca se cierran y sólo hay luz eléctrica unas cuantas horas por la noche.


 

A la mañana siguiente nos despedimos con las pilas recargadas; Willy nos recoge en su peque-peque y nos vamos de excursión al lago Tarapoto en busca de los delfines rosados, únicos en el Amazonas y sobre los que cuentan miles de historias. Delfines no vemos pero sí pirañas que pescamos con nuestras rudimentarias cañas. Menudos dientes tienen las condenadas.

 

 

Nuestra próxima parada es Puerto Nariño, ejemplo de limpieza, orden y desarrollo en donde no hay ni calles de cemento ni ruido de coches. El Amazonas me regala uno de los atardeceres, sin exagerar, más bonitos de toda mi vida, mientras veo volar y oigo gritar como locos a cientos de guacamayos. Pasamos la noche en las Malocas Napú, un acogedor hostal amablemente regentado por Sergio y Amparo donde conocemos a Benjamín, un francés que anda de viaje por estas tierras y al que un chamán ha pintado medio cuerpo de azul con un tinte negro de un fruto que se llama huito y que dicen sirve de protección. Imaginaros el panorama. A la mañana siguiente paseos, vistas desde el mirador y otra vez a navegar por el río. Nuestro destino: Mocagua, comunidad indígena de la etnia ticuna. Aquí paso un día alojada en casa de Leo Vásquez, mi anfitrión, que siempre permanece abierta para cualquier vecino que quiera entrar, sentarse en una silla y ver algo en la tele. Los indígenas son así de hospitalarios y para ellos es vital la familia, la comunidad y el respeto de las tradiciones.



Por la tarde hacemos una excursión hasta Calanoa, un interesante y ejemplar proyecto liderado por Marlene y Diego Samper, reconocido artista colombiano, que busca contribuir a la conservación biológica y cultural de la zona. Los visitantes que llegan hasta aquí pueden alojarse en las dos preciosas y cuidadas cabañas construidas y decoradas con materiales de la zona, realizar talleres, caminatas, visitar comunidades indígenas y un sin fin de actividades. En Calanoa trabaja D. Melquiades, chamán de la comunidad, quien comparte conmigo sus ancestrales remedios para todo tipo de enfermedades y males y me regala un amuleto que, dice, me protegerá de todo. Tiene cerca de 70 años y parece mucho más joven. ¿Su secreto?, le pregunto. Todas las mañanas me tomo un vasito de miel con cachaza, me confiesa. Habrá que probarlo.

Ya es de noche y, después de darme un baño con agua helada a base de cubo va y cubo viene entre ovejas y gallinas, me subo en una barca con D. Mamerto, el suegro de Leo. ¿Dónde vamos a estas horas? Al río Mata Matá, en plena selva. El va tan tranquilo, es indígena y lleva toda la vida por aquí, pero yo estoy aterrada. Imaginaros el panorama: noche oscura, como la boca del lobo, selva por todos lados y nosotros en una barquita que parece de juguete sin motor y a ras de agua. Cuando logro vencer el miedo, la cosa cambia y disfruto de los sonidos y de la emoción de encontrarme en este sitio a estas horas oyendo las historias de este sabio y encantador anciano.

 

 

Dejo Moncagua y a mi vuelta me está esperando en Leticia la gente de Selvaventura, la agencia que ha organizado mi viaje ¿Y dónde nos vamos? A pasar la noche en un árbol en plena selva a casi 40 metros de altura. En serio, no estoy bromeando. Preparamos las cosas, nos montamos en el bus, caminata por la selva y ya estamos bajo el árbol. Madre mía, quién me ha mandado a mí meterme en este lío pero ya no hay marcha atrás. Subo hasta la copa como puedo a golpe de fuerza y de un sistema de cuerdas y poleas que me van ayudando. ¿Mirar hacia abajo? Mejor ni pensarlo. Ya me queda poquito, menos mal, las fuerzas me flaquean, es que esto de cargar con mis 60 kilos de peso no es tarea fácil. ¡Lo conseguí! Ya estoy en la cima. Cristóbal y Edwin montan la tienda de campaña donde vamos a pasar la noche; a mí no dejan ni moverme no vaya a ser que haga caída libre hasta abajo. Va cayendo la tarde y las vistas desde aquí arriba de la selva son impresionantes aunque menos mal que no sufro de vértigo. Hay miles de ruidos a cual más extraño. La verdad miedo no tengo porque estando tan alto. Dormimos como podemos y a la mañana siguiente, después de despertarnos con los gritos de los monos aulladores y los arrendajos, esas aves que imitan los sonidos de todo animal que se ponga por delante, nos tiramos en tirolina hasta un árbol cercano. Parezco Tarzán, me falta la Mona Chita.


Regreso a Leticia feliz y llena de barro, claro; me doy una vuelta por el mercado, pruebo el jugo del copoazú, un delicioso fruto silvestre que crece por aquí, veo un enorme pirarucú –el pez más grande del Amazonas-, compro una hamaca para dormir mis siestas en la ciudad y vuelta a Bogotá, fascinada, una vez más, por este increíble país que es Colombia. Muchas gracias a Proexport por esta inolvidable aventura en la que he aprendido mil cosas pero la más importante es que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.

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Comentarios

Invitado
Jorge Jueves, 05 Julio 2012

¡Excelente!!!!!

Invitado
Toya Viernes, 06 Julio 2012

Muchas gracias Jorge, qué bien que te haya gustado

Invitado
Leticia Albacete Viernes, 06 Julio 2012

Toya, el cariño y el entusiasmo que pones en todas tus descripciones de Colombia invitan, sin duda, a querer vivirlas de primera mano. Tengo una duda que me gustaría que me resolvieras ¿con quién debería ponerme en contacto si me interesara vivir la increíble experiencia de dormir en un árbol en pleno Amazonas?
Gracias por todas las delicias que nos cuentas de Colombia

Invitado
Toya Viernes, 06 Julio 2012

Gracias por tu mensaje Leticia. La empresa que organiza la aventura del árbol se llama Selvaventura.
Besos

Invitado
Lina Cuartas Viernes, 06 Julio 2012

Toda ventana hacia este habitat sagrado abre un cofre precioso de recuerdos y experiencias únicas, los invito a visitar mi blog, amazon quest en blogspot, para aprender más y contagiarse de la pasión por la SElva Esmeralda. Gracias Toya, por llenarnos el corazón con tus historias! un abrazo, LIna

Invitado
Toya Lunes, 09 Julio 2012

Gracias a ti Lina! Voy a echar un vistazo a tu blog. Un abrazo

Invitado
Mary Albacete Lunes, 09 Julio 2012

No me podía imaginar que me apeteciera tanto conocer Colombia , tu entusiasmo nos contagia a todos. Un beso muy fuerte Mary

Invitado
Toya Viudes Lunes, 16 Julio 2012

Muchos besos Mary! Y feliz de haber conseguido que te apetezca venir a Colombia, de eso se trata

Invitado
Yazmin Morales Miércoles, 11 Julio 2012

Hola hola mi querida Toya! Permíteme decirte que acabo de viajar contigo al Amazonas, la única diferencia es que no tuve que pasar por el aeropuerto para llegar hasta allá.... FELICITACIONES !!!

Invitado
Toya Sábado, 14 Julio 2012

Yazmín, mil gracias por tu mensaje y un placer que hayas viajado conmigo al Amazonas sin moverte de casa

Invitado
SANDRA MARCELA Sábado, 14 Julio 2012

GRACIAS APRECIADA TOYA,MARAVILLOSO TODO LO QUE CUENTAS DE MI QUERIDA PATRIA COLOMBIA,LLEVO 12 AÑOS SIN IR,VIVO EN MADRID,UNA CIUDAD Y UN PAIS,ESPAÑA AL Q HE APRENDIDO A AMAR,Y TU HISTORIA ME LLENA DE NOSTALGIA DE MI TIERRA...ME FASCINO TODO LO Q CONTO EN LA HISTORIA SOBRE TODO,PORQ MUCHAS PERSONAS JAMAS SE ANIMARIAN A IR PORQ MI QUERIDA COLOMBIA TIENE FAMA DE PELIGROSA,Y MAS...PERO BUENO SU HISTORIA MUESTRA UNA DE LAS TANTAS COSAS AMABLES,BONITAS, Y SINCERAS DE MI TIERRA,Q SON MUCHAS,Y Q HACE FALTA VIVIRLO PARA PODER CONTARLO...UN ABRAZO,Y MIL GRACIAS.

Invitado
Bernardo Tabares Galvis Sábado, 14 Julio 2012

En verdad, una excelente crónica sobre las posibilidades y bellezas que nos brinda este pedazo de paraiso al que llamamos el Amazonas colombiano. Felicitaciones a la autora de este artículo, y sólo una pequeña observación respetuosa: el nombre del Lago donde se observan los delfines es Tarapoto...Gracias y felicitaciones nuevamente!

Invitado
Toya Viudes Lunes, 16 Julio 2012

Bernardo muchas gracias y reviso ahora mismo el nombre del lago!

Invitado
Martha Sábado, 14 Julio 2012

Me fascino tu conclusion...No es mas feliz el que mas tiene, sino el que menos necesita. Nuestroteo mundo lo contiene todo!!!

Invitado
Toya Viudes Lunes, 16 Julio 2012

Gracias Marta por tu mensaje y sí, cada vez tengo más claro que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. ¡Feliz día!

Invitado
cecil Sábado, 14 Julio 2012

espectacular relato, ya tengo ganas de estar ahi..una consulta cuanto duro esa travesía?, creo q ya se cual es mi próximo destino!!

Invitado
Toya Viudes Lunes, 16 Julio 2012

Hola! Llegué un viernes a mediodía a Leticia y regresé a Bogotá un miércoles a mediodía. No mucho tiempo pero sí muy aprovechado. Gracias por tu mensaje y ojalá que de verdad el Amazonas sea tu próximo destino

Invitado
Martha De la Rosa Sábado, 14 Julio 2012

Toya, mil gracias por compartir tus experiencias y por mostrarme a mi hermosa Colombia con ojos de pasion. Tus relatos me invitan a dejar mi sillon y aprender no de los libros sino de la experiencia. Eres una excelente narradora.

Invitado
Toya Viudes Lunes, 16 Julio 2012

Martha! Qué precioso mejsaj. Amo Colombia y ojalá pueda seguir escribiendo sobre ella.

Invitado
nelly Jueves, 19 Julio 2012

Te felicito, eres una mujer sin miedos, que le gusta conocer cosas nuevas. Me encanta como hablas de mi país, por lo menos son cosas buenas, porque cuando estas en otro país a veces te cansas de escuchar solo las noticias malas y que las personas piensen que Colombia es lo peor. Pero estos espacios sirven para mostrar todo lo bonito que tiene Colombia y que ni los mismos colombianos conocemos y no valoramos. Un beso desde España.

Invitado
Toya Martes, 24 Julio 2012

Muchas gracias Nelly por tu mensaje. Un beso desde Bogotá y prometo seguir escribiendo sobre tu maravilloso país

Invitado
nancy Miércoles, 01 Agosto 2012

Toya, felicidades y mil gracias por compartir tus experiencias con nosotros. La forma en que las describes hace que la vivamos contigo, y hace que cada día ame más a mi país aunque esté lejos de él. Cómo me gustaría que aqui en España donde vivo, la gente supiera que mi Colombia no es todo lo malo que creen y que pueden anotarlo en su libreta de países por visitar. Y supieran que el único peligro que corren es que se quieran quedar, asi como tu.
Un abrazo

Invitado
Toya Viernes, 03 Agosto 2012

Muchas gracias Nancy por tu mensaje; creo que entre todos podemos conseguir que Colombia se sitúe donde se merece.

Invitado
Pablo Miércoles, 19 Septiembre 2012

Buenas Tardes Mujer valiente! vaya si lo eres, te escribe un Argentino amante de la aventura y con pasaje en mano para disfrutar de Colombia a fin de año, me gustaria ponerme en contacto con usted para tener mas informacion de como llegar a estos sitios hermosos ya que me encuentro armando la ruta del viaje.
Sus fotografias son muy bonitas y demuestran el encanto que nos guarda Amazonas.
Me seria de mucha ayuda la informacion que me puedas brindar.

Muchas Gracias por compartir tan lindo viaje!!
Saludos

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Invitado
Invitado Jueves, 27 Noviembre 2014
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