Desde hace unos años que no hay un mes que pase en Bogotá sin algún tipo de festival de fin de semana. Claro, están los festivales al parque organizados por el distrito y está el tan esperado festival Iberoamericano de Teatro que uno espera con ansias cada dos años. Pero no hablo de estos festivales – me refiero a las ferias, mercadillos y celebraciones diurnas que cada fin de semana aparecen en algún lugar de la ciudad.
Por un lado está la iniciativa independiente de ferias cuyo objetivo es dar a conocer nuevas propuestas en diseño, moda y gastronomía. Dos ejemplos que se han instalado son las
Puertas del Cielo y
Ueppa, mercadillo de diseño arte y curiosidades.
El ambiente de las dos propuestas es súper agradable y antes de competir se complementan. Nunca se sabe cuando suceden, de repente un día anuncian su próximo evento por redes sociales y medios independientes y empieza su difusión. Siempre están cargadas de música y buena onda.
Pero los festivales van más allá que las ferias de diseño. Tanto en el
Museo del Chicó como en el
Jardín Botánico he asistido a festivales de yoga, comida orgánica y culturales. Justo este fin de semana me invitaron a participar con el Taller de Té en un festival de primavera organizado por la embajada China.
No pueden faltar en este recuento los festivales de música como
Estereo Picnic que inician a medio día y terminan a la madrugada. Son una invitación a pasar un día de música, arte y comida. El año pasado fui a ver Calle 13 y fue lo máximo. Este año es el 30 de marzo, y es un gran plan para semana santa junto con el festival de teatro.
Y así es el año entero en Bogotá. Pasa un gran evento y no se sabe muy bien cuando vuelve a suceder, pero de pronto uno se da cuenta que cada fin de semana hay algo para hacer. Cada mes hay un festival , un mercadillo, una feria, a veces nuevos y los que ya llevan tiempo van mejorando y convocan cada vez más gente pero vuelven como si fuera la primera vez, siempre innovando, siempre sorprendiendo.
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