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Manizales 2 Enero - 7 Enero

Carnaval de Riosucio

Una celebración de paz

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Carnaval de Riosucio

El Carnaval de Riosucio se inicia cada dos años el primer viernes de enero, en año impar y termina cinco días después. El protagonista es el diablo, que garantiza la paz entre dos pueblos (Real de Minas de Quiebralomo y Nuestra Señora de La Montaña) que en la Colonia eran enemigos pero dejaron de pelear en 1819 cuando dos sacerdotes católicos amenazaron a sus habitantes con el infierno si persistían en la guerra. 

Es una verdadera muestra de tradición en donde el mestizaje del pueblo colombiano se da cita en una gran fiesta lúdica y donde la realidad se burla y se trastoca a través de la magia de la danza, el disfraz, la palabra, la poesía y la música; el Diablo es un sincretismo cultural cuya imagen recoge algunos elementos del diablo judeo-cristiano, pero que conceptualmente no está ligado a la significación del mal. El Diablo del Carnaval es el custodio de la fiesta.

Este carnaval tiene la característica de ser la fiesta más larga de Colombia y, tal vez, del mundo, pues se inicia en julio con el Decreto de Instalación de la República del Carnaval y culmina en enero, cuando la fiesta llega a su fin con el Testamento, despedida del jolgorio que se hace con el Entierro del Calabozo y la Quema del Diablo, dando fin al embrujo del “guarapo” o chicha fuerte de caña y aceptando el final del reinado del Diablo… hasta el próximo Carnaval.

Los decretos, el convite, la entrada del diablo, las cuadrillas, el testamento son una sucesión de eventos que hacen del Carnaval una experiencia única para los sentidos, un encuentro de ríos de gente que se unen en el goce de una manifestación cultural altamente estética.

Las cuadrillas cantadas el día domingo son quizás la actividad más importante dentro del Carnaval. A diferencia de las cuadrillas del Carnaval de Río, que son de calle y tienen alrededor de 300 personas, las de Riosucio son de cámara, por lo que tienen alrededor de 12 personas, número adecuado para una sala de casa.

El ingenio, la imaginación, el colorido y el lujo de los disfraces hacen de esta campaña artística dominical un acto especialísimo, pues es el resultado de dos años de preparación en busca de mantener viva la tradición de un pueblo que vive y vibra al ritmo endiablado de su Carnaval.